“Tendré una bella empanada de atún, y juntas seremos una familia”
La fantasía se vio interrumpida por una carta de la Junta Médica.
“Estimada Señora Carina: lamentamos informarle que su cuerpo no puede albergar vida. Usted es lo que clínicamente denominamos CASO CERO; que en lengua vulgar significa NULIDAD NATAL”
Aquellas palabras formaron el ataúd en el cual Carina depositó su maternidad.
Deprimida y tendida frente al televisor, la mujer lloró largamente. La amargura envejeció su cuerpo, apagó la luz de sus ojos.
Pero antes de dar el último aliento, Carina recibió la visita del Hada Mariposa.
“¿Qué darías por tener una empanada?” inquirió el insecto mágico.
“Todo, absolutamente todo” respondió, con labios morados, Carina.
Y la magia se hizo, y la mujer quedó preñada en menos de dos semanas.
La tristeza se fue. Ahora la alegría viajaba en las venas de Carina, enalteciendo su vientre, en donde se gestaba vida.
Cuando llegó el día del alumbramiento, la partera se dispuso a recibir a la criatura.
“Señora… señora” musitó un enfermera, de rostro pálido.
“¿Qué sucede?” preguntó Carina.
Sobre una bandeja metálica había una empanada cortada en varios fragmentos. Un hilo de queso derretido, la sangre de la criatura, crecía pausadamente.
“¡No, mi niña! ¡No puede ser!” se lamentó Carina, desgarrada por un dolor descomunal.
Seguidamente, la mujer comenzó a soltar por su vientre una docena de empanadas de jamón y queso. Fue demasiado frenético, la partera y sus enfermeras lograron salvar a estas nuevas criaturas eyectadas.
“¡Te maldigo, Hada Mariposa! ¡Has matado a mi hija de atún para traer al mundo a tus niñas de jamón y queso!”
Una risa se escuchó desde afuera. Y a continuación Carina cerró los ojos para siempre.
Pasaría la eternidad jugando en una playa, junto a su pequeña empanada de atún.























